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CAMBIOS, OPORTUNIDADES, EMPRENDIMIENTO E INNOVACIÓN NOS ESPERAN ...

Tras el Tsnami “COVID19”, que se irá antes o después igual que llegó, cientos de miles de empresas desaparecerán y otros tantos negocios cerrarán. Y cientos de miles de pequeños nuevos negocios abrirán al tiempo que otras tantas empresas se constituirán y miles de autónomos iniciarán su actividad. Será quizá el gran momento para las imprescindibles micropymes y para las obligadas o voluntarias “YO, S.L.”. Será el momento de las ofertas de productos y servicios bien diferenciados, bien posicionados, quizá bien localizados pero ante todo "super" especializados -basados en premisas de eficiencia, tecnología y de gran valor- dirigidas a gigantescas Corporaciones, y a grandes Empresas sólidas con el valioso músculo económico-financiero que les habrá posibilitado salir -no sin daños- de la crisis pandémica.

Por extraño que parezca, a buen seguro será un gran momento para emprender en nichos de Mercado desatendidos o deficientemente cubiertos antes, durante o tras la crisis sanitaria y el período de profunda recesión económica posterior que viviremos. La pérdida de poder adquisitivo más que sustancial que se está sufriendo y que en mayor medida se sufrirá -al menos en lo que resta de 2020 y de cara a 2021- va a provocar que la corriente de innovación (sobre todo en canales online y en sus conceptualizaciones, así como en acciones de reducción de estructuras, unidades de negocio, digitalización, nuevos servicios, acortamiento de procesos y cadenas de producción … e incluso en el replanteamiento de políticas de globalización …) será fortísima y con grandes oportunidades para el talento, la iniciativa y el contrastado valor (que no el precio).

Se quedarán postergados no pocos proyectos estratégicos y no estratégicos de empresas. Será el momento de re-proyectar, de estar preparados, formados, informados … pero también de rescatar esos proyectos y de cambiar su enfoque. Aumentarán los canales de venta online de todo tipo de bienes y servicios; cambiarán los modelos de entrega de productos a domicilio; y habrá oportunidades -así se asegura desde los Gobiernos de infinidad de países- para dotar de liquidez a proyectos e iniciativas de gran interés y demostrada rentabilidad, que se encuentren en graves dificultades operativas o en riesgo de viabilidad estrictamente financiera.

Las Administraciones Públicas deberán disponer -no puede ser de otro modo- cifras de gigantesco alcance destinadas a inversión de infraestructuras, servicios, transformación tecnológica … en definitiva, deberán invertir (no gastar) fuertemente en “futuro”creando el escenario más idóneo que mejore la economía dañada profundamente y la vida de las personas, pero que impida a la vez que se repitan situaciones como las vividas en cuanto a nuestros Sistemas Sanitarios, canales de abastecimiento, disponibilidad de plazas en UCIs, etc …

Se re-definirán muchos modelos que como sociedad hemos asumido siempre como seguros o “inamovibles”: a nuestra cultural y sur-europea predisposición al contacto físico permanente como demostración de “correcto protocolo y buen uso social”, agrupamiento en espectáculos culturales y deportivos, lugares de ocio y restauración, etc … le seguirán cambios que hoy apenas somos capaces de vislumbrar, por cuanto que al término del confinamiento le seguirán momentos de incertidumbre, eventuales nuevos focos infecciosos, lógicas alarmas institucionales y sociales ante nuevos contagios y posteriores aislamientos de personas o zonas … y hasta ciertas dosis de angustia, estrés o miedo con el paso de las semanas y los meses. Nuestros círculos y nuestras costumbres sociales se resentirán y con ello a buen seguro surgirán nuevas oportunidades de negocio, de mejorar nuestras vidas y de interpretar esas nuevas costumbres a largo plazo.

La sola idea de que esta crisis sanitaria pueda volver a repetirse en similar magnitud (una o más veces), hará redefinir nuestro modelo de “inversión” tanto a empresas como a particulares, así como de gasto, aprovisionamiento …y en general nuestro sentido de la prudencia (básico en cualquier decisión de la vida ya sea en la empresa, en la vida personal o en la familia) se verá reforzado.

En definitiva, nos esperan nuevos tiempos, redefinición de muchos esquemas y procesos en empresas, negocios, Administraciones Públicas y familias; nuevos tiempos de oportunidades para utilizar todo lo aprendido, motivado sobre todo por la “puesta de los contadores a cero”; nuevos tiempos de oportunidad para hacer las cosas mejor y para que -ojalá- el poso de solidaridad, comunicación, ejemplaridad y sentimiento de pertenencia que parecen estar dejando esta crisis sanitaria derivada de la peor pandemia vírica que se haya sufrido en un siglo … hayan venido para quedarse.

La inteligencia es la habilidad de adaptarse a los cambios, decía Stephen Hawking …  Y nos hemos adaptado a postguerra mundiales, pandemias con decenas de millones de víctimas mortales, gigantescos cambios en nuestra civilización o en nuestra forma de pensar como sociedad y como seres humanos. Pero sólo hay una realidad a la que no deberíamos adaptarnos tal y como lo hemos hecho hasta ahora: la falta de empatía, de justicia social y de solidaridad (siguen muriendo millones de seres humanos de pura y simple hambre o de enfermedades ya superadas hace décadas y en muchos lugares del planeta) y la falta de la ya tan manida -y muy hábilmente invocada- “disciplina social”. La misma disciplina social que nos debe obligar a todos a recordar a quienes nos lideran que vivan solidariamente con el dinero que nos administran como sociedad y sean ejemplo, como sí lo están siendo millones de personas anónimas y grandes empresarios de este país ... Porque TODOS JUNTOS sí podemos enfrentarnos a casi cualquier amenaza y adaptarnos tras ella para continuar, si no igual, MEJOR QUE CUANDO APARECIÓ ESTE VIRUS. Al menos, más INTELIGENTES. Es decir, ADAPTADOS.

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